Friday, December 08, 2006

Los Piconeros

Si las casualidades existen o no es tema que trae su aquel en conversaciones triviales o de tono esotérico; sean intencionadas o provocadas por demiurgos de tres al cuarto, el picón y los piconeros han rondado mi cabeza en el último año y pico de mi vida.

El picón
Diccionario de la R.A.E., su quinta acepción dice así:
m. Especie de carbón muy menudo, hecho de ramas de encina, jara o pino, que sólo sirve para los braseros.
La parte materna de mi familia tiene un origen extremeño muy humilde, los braseros son la forma de mantener caliente el cuerpo en los inviernos de esa zona tan extrema como dura, y el combustible de ese tipo de calefactor es el carbón vegetal, que allí se denomina picón.
Para que desprenda la potencia calorífera la leña debe ser carbonizada sin que arda, la forma de hacer este carbón tiene dos variedades, una es excavar una fosa donde se apila la madera sobre el suelo y se cubre la parva (montón o cantidad grande de leña) con tierra. Con la otra, la madera, se encierra dentro de una cámara, impermeable al aire, hecha con tierra. Se prefiere la parva en zonas agrícolas, donde las fuentes de leña pueden hallarse dispersas, y se prefiere hacer el carbón vegetal cerca de los pueblos u otros emplazamientos permanentes. El sitio de una parva puede ser usado repetidamente, mientras que la tendencia con las fosas es de usarlas pocas veces, para luego abrir otras nuevas, con lo cual el trabajo es mayor en cuanto a excavación y transporte de la madera hacia ella. Hay un enlace muy bueno en el que se explica más detenidamente la elaboración del picón, por si os interesa:
http://www.arlanza.com/web/comarca/ficha.asp?id=138


Los carboneros
La vida del carbonero era muy difícil, el piconero trabajaba muy duro bajo situaciones meteorológicas bastante adversas, durante la elaboración del carbón no había tiempo para el descanso ni el sueño. Tanto de día como de noche el carbonero debía controlar varias hoyas que se encontraban en diferentes fases del proceso, lo que exigía una vigilancia continua. Esto hacía que el aspecto del carbonero fuera casi fantasmagórico, con la cara oscurecida por el carbón y las ropas rasgadas por la maleza, lo que despertaba la curiosidad de la gente del pueblo cuando intentaban adivinar el nombre del carbonero que volvía después del trabajo que podía durar hasta varios días.

Antonio Duque Duque
Mi bisabuelo era piconero, trabajando en una hoya todos los hombres del pueblo fueron llamados bajo la noticia de una desgracia en Navas del Madroño, localidad de donde la mayoría eran natales y residían. Tenían que volver para ayudar a las víctimas de sabe Dios qué. Era enero de 1938, los subieron a un camión y los llevaron al ayuntamiento de Navas, allí estuvieron tres días y después en unos autobuses amarillos los trasladaron a Cáceres. Tras un tiempo encarcelados los llevaron “de paseo”, es decir los fusilaron en el muro de la prisión y los enterraron en la parte de fuera del mismo muro.
Según cuenta mi abuela, su padre era un tipo muy fuerte, incansable en el trabajo, capaz de no dormir en varios días sin que se notara, él fue el último en salir de la celda, fue escuchando las ráfagas, pensando como sus vecinos iban cayendo por grupos… sabía lo que iba a pasar y se agarró a los barrotes tan fuerte que cuatro guardas tuvieron que aporrearlo hasta que se soltó, por el dolor de sus dedos rotos mientras gritaba que no había hecho nada y preguntaba a voces por qué lo iban a matar.
La Guerra Civil no distinguía de ideologías, todas las familias tienen una desgracia que contar, y en este caso, se habla muy poco de ella. Antonio dejó viuda, Martina, y siete hijos. Mi abuela Isabel, una de ellas, tuvo que abandonar las clases para trabajar en la escuela sirviendo, sólo tenía diez años.

La chiquita piconera
Uno de los amores más puros que debía existir era el de la mujer del piconero, veía poco a su marido que se iba de casa con el alba y no sabía cuando volvería. A su regreso el trabajo duro empezaba para ella, ropa rota, suciedad, heridas que había que curar con aceite de oliva, como a veces me ha contado mi abuela Isabel la Chota… Hablamos de los años cuarenta, plena posguerra, sin lavadoras -ya sabéis- ni métodos anticonceptivos, ni luz eléctrica, ni agua corriente… La mujer del piconero era una sufridora nata o daba el amor más fuerte que un hombre pueda sentir.




Los piconeros de Ramón Perelló
Ramón Perelló es alguien que nadie conoce por nombre pero del que todo el mundo ha tarareado alguna de sus canciones: "La bien pagá", "Falsa monea", "Échale guindas al pavo", "Los Piconeros", “Mi jaca”, "Soy minero", "Adiós a España" o "¡Ay mi sombrero!", el enlace de turno: http://www.antonioburgos.com/enlaces/varios/perello.html
Ni idea de él hasta que un día me fijo en una canción, viendo el programa que Miguel Bosé tenía hace años llamado “El 7º de Caballería”, un dueto entre Juan Luis Cano y la cantante de copla Carmen Linares, me quedé boquiabierto, el de Gomaespuma canta muy bien, al menos ese día, y la folclórica dio una lección de grandeza vocal.
El tema se archivó en la oficina musical de mi cabeza hasta que escuché la versión de Penélope Cruz en “La niña de sus ojos”, que es lamentable pero que me sirvió como acicate para buscar la buena.
Volví al clásico, busqué versiones y encontré en e-mule las de Sara Montiel, Concha Piquer, Imperio Argentina, Amalia Rodrigues, Emilio el Moro, Manolo Escobar (otra coincidencia, ¿Será sino…?), incluso hay una versión en alemán que parece que hizo que el mismísimo Führer se enamorase de Imperio Argentina…
La versión definitiva para mí es la de la portuguesa Amalia Rodrigues, pero la que es base de este texto es la de Rocío Jurado que se puede encontrar en su disco “Canciones de España” de 1981, o en la mula, claro. En ese LP también viene el tema “La niña de la puerta oscura” otra canción que me trae recuerdos bien amargos.
Lógicamente las grabaciones antiguas no tienen la claridad de sonido de esta, pero la Jurado desata un torrente de voz que te arrolla como una ola del Mar Cantábrico mientras la escuchas; poderosa, plena y no hueca como me dijo Torcuato el día que empecé a escribir esta paranoia.
El cambio de tono en los versos “ya ha abierto su ventana la piconera, madre, y el piconero, va a la sierra cantando con el lucero, con el lucero”, te derrite y la subida en “Ya viene el día, ya viene madre, ya viene el día, ya viene madre” se te clava en el corazón, la piconera llora de rabia porque ya amanece y el día comienza, los dos se separan.

La Piconera de Julio Romero De Torres
En el 2005 conocí y perdí a una mujer que según su estado de ánimo y sus poses puede recordarte a Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes”, a Audrey Tautou en “Amelie”, o a María Teresa López, “La Chiquita Piconera”, modelo de Julio Romero de Torres para lo que parece que fue su testamento pictórico (otro enlace muy bueno: http://www.elmundo.es/magazine/2002/156/1032451004.html).
La foto hace más justicia que el cuadro en cuanto al parecido, pero esa chica que conocí y me empeñé en perder, tuvo un ademán un día que me hizo decir espontáneamente: “Eres la chiquita piconera”, así lo ví, se me vino a la mente el cuadro.


Letras
La poesía murió hace tiempo, la poesía ahora se escucha con música y la gente la tararea, se le quedan en la memoria, las canciones te llegan al alma y no las olvidas, las recuerdas por alguna circunstancia o simplemente vuelven de nuevo tras años de no oírlas. Oír cantar es algo que toca a todos, da igual el estilo o el momento, desde la ducha a una habitación de hotel barato, o las letras de temas para cantar en bodas… comer y cantar todo es empezar.
Ramón Perelló es el autor de esta canción, poesía pura y dura, cultura popular. La copla tiene mucho de “lorquiano”, los autores tenían casi ninguna formación poética y en muchas ocasiones ni siquiera académica, pero las imágenes y figuras que usan te hacen preguntarte cómo conseguir una licenciatura en la universidad del vivir.

Los Piconeros
(Ramón Perelló/Juan Mostazo)

Ya se ocultó la luna, luna lunera…
ya ha abierto su ventana la piconera, madre,
y el piconero, va a la sierra cantando
con el lucero, con el lucero.


Comienza la agonía de la piconera, su hombre se marcha después de compartir noche con él, fuera como fuera aquella.
El adjetivo lunera es un claro ejemplo de creatividad léxica, bellamente redundante y de recuerdo infantil. La ventana abierta deja entrar el aire y la luz del alba, pasa la luz a un sitio oscuro como el picón, la luz la devuelve a la realidad, el día se lleva a su amado, el lucero lo guía.

Ya viene el día, ya viene “mare”,
ya viene el día, ya viene “mare”,
alumbrando su clara los olivares
alumbrando su clara los olivares.

Esta copla enlaza con la anterior, la luz del día ilumina con su claridad los olivos, árbol triste por excelencia junto al sauce llorón y los cipreses.
La voz de la Jurado se convierte en rabia de lágrimas, dolor e impotencia por no poder hacer nada para evitar la marcha.

¡Ay! Que me diga que sí,
¡Ay! Que me diga que no.
Como no lo ha querío ninguna
le quiero yo...
Da igual lo que diga o haga, la piconera ama, sea sí o sea no, nadie quiere o sufre como la esposa de un piconero, quizá el equivalente moderno sea la mujer de un camionero, qué sé yo, amor incondicional y entrega absoluta, lo que de verdad te hace sentirte amado si no eres un imbécil o estas ciego de sentimientos. Como no me ha querido ninguna me quiso ella.


mi piconero como el picón...

Aquí al cuarteto coplero se le añade un verso puente que enlaza la parte que es sin duda la más bella y estremecedora:

Por su culpa culpita yo tengo,
negro negrito mi corazón.
Por su culpa culpita yo tengo,
negro negrito mi corazón.
El símil del color del picón con la tristeza que su vida provoca en su corazón no tiene ilustración escrita u oral posible, simplemente evoca pena y empatía a cualquiera que pueda sentir lo más mínimo. El corazón se le ha ido tiznando con el tiempo, con la dureza de estar sin él o con él, con el maltrato de amarlo y que no esté a su lado, quizá con la agonía de estar con alguien que te quita el oxígeno como un brasero que consume mal y te deja la sensación de atontamiento y nulidad vital.
Faja de seda lleva mi piconero
y un marsella bordao de terciopelo
de terciopelo, madre
y en el sombrero una cinta que dice:
por ti me muero, por ti me muero.

El bordado era parte de las labores con carácter social de la ama de casa de antaño, por ejemplo en Navas del Madroño las vecinas se juntaban para coser y bordar, se comentaban las cosas del pueblo o se cantaban canciones, tengo un vago recuerdo de infancia sobre eso.
La faja se identifica claramente pero el marsella no sé lo que es, tampoco lo he visto en internet así que tendremos que suponer que es otra prenda de vestir.
Que un piconero llevase faja de seda y marsella de terciopelo bordado es una hipérbole que refleja las atenciones de la mujer que da su vida, como pone en la cinta de su sombrero, por su amado.


Ya viene el día, ya viene madre,
ya viene el día, ya viene madre,
alumbrando su clara los olivares
alumbrando su clara los olivares.
¡Ay! que me diga que si,
¡Ay! que me diga que no.
Como no lo ha querío ninguna
le quiero yo,
mi piconero como el picón.
Por su culpa culpita yo tengo,
negro negrito mi corazón.
Por su culpa culpita yo tengo,
negro negrito mi corazón.


Ramón Gómez de la Serna: "Todo borrón se seca. Así es la vida"



Carlos Rodríguez Duque

1 comment:

Rocío Benítez Carmona said...

Felicidades. Una publicación preciosa.
Añadir que puede encontrarse la definición de la prenda en la tercera acepción que aparece en el DRAE de 'marsellés-marsellesa' (es una chaquetilla).
Un saludo.